Tarde, llegaste tarde a mi
vida, sin preguntar,
sin saber lo que vendría.
Llegaste tarde como si no te
hubiera estado esperando.
Como un llanto que empapa al
miedo,
como una tenue luz asustada que alumbra, pero no ilumina.
Tarde, que tarde llegaste a
mi vida.
Como reloj de arena
humedecida, que no cae, que no pasa.
Como si el tiempo fuera eterno,
como si fuéramos a vivir por
siempre.
Tarde, llegaste tarde y los
minutos son tenues y pálidos
para poder vivir todo el amor que hoy me ofrecés
y que yo te quiero regalar.
Y aun sabiendo que llegaste
tarde,
tus ojos hacen un alto en
mis pupilas dilatadas,
me decís que me querés y el
tiempo se detiene.
Entonces, ya no es tarde.
Después de todo, el amor es
un secreto
que los ojos no saben guardar,
y también es el dueño del tiempo,
cuando decidimos que nos queremos enamorar.
-Valia Zipfel-

No hay comentarios:
Publicar un comentario